
Caigo al suelo; y, de bruces, muerdo el polvo del ramón y tierra seca.
Zumba el viento, por agravio de la sierra sobre el verde acicalado de mi prado y, contrito, cuando sabe de mi enfado, torna a brisa que apacigua la inclemencia en la solana y levanta mi caída con sonrisas.
Nuevo acto y otra racha de ventisca más humana, tira el polvo remanente al océano; el ramón será la leña de mañana y, los ojos, de pupilas dilatadas, ven mi sombra levitar hacia su amada.
doctorpoeta
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