AL AMPARO DE LA MORFINA

Es denigrante remover conciencias utilizando, airadamente el sufrimiento extremo para hacer apología de la «angustiosa necesidad» de una imposición.
Recuerdo que, hace años al comienzo del debate, fortuitamente desayunando con mi hijo en una cafetería, volvimos a “degustar” una retransmisión, que no tuve más remedio que catalogarla, desde mi albedrío, de canallesca. Imagino que todos ya habéis podido intuír a qué representaciones me refiero. Seguro que no habrían tenido cabida, en esa programación, las escenas del DULCE DESENLACE QUE TUVO MI PADRE, en una situación, mucho más terminal, que la del tristemente finado Sr. Sampedro, utilizado como paradigma y que Dios lo tenga acogido en su morada.
Permitidme que lance al aire una pregunta, con ánimo altruista y compasivo
¿Estas personas, con su tremendo dolor, con su exhausto sufrimiento, qué “pintan” (como dicen en mi pueblo) solas, en sus domicilios, probablemente lúgubres (desde el punto de vista emocional) en una situación clínica y mental, muy deterioradas y al exiguo cuidado, entrañable por supuesto, de unas desgarradas cuidadoras que ponen audacia, alma y corazón en su quehacer, que también, pero con deficiente o nula capacidad estratégica y de medios para imponer un enérgico tratamiento?. Ratifico mi seguridad que, con una asistencia ADECUADA sobre LA DIGNIDAD de las PERSONAS, no habría lugar a esa propuesta tan “ACUCIANTE”, de imponer el falso EXCLUSIVISMO de la eutanasia.

Perdón, por mi reiteración, pero lo considero una obligación.

doctorpoeta

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