Anoche soñaba con el bisturí que podría amputar la gangrena del mundo; una vez atenazado, a la mesa me acerqué; se me hubo confiado, el campo delimitar, con precisas coordenadas.

Sonreí a la frustración: nunca vino el cirujano y un beso me liberó de la horrible pesadilla.

Y otra cita se le dio.

doctorpoeta
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