
VELAR, VIGILAR, ROGAR, CONDUCIR, DESEAR, ILUMINAR…
La vela encendida utiliza el elemento fuego como un acuciante deseo de purificar las energías de quienes la encienden, bien para consigo mismo, o bien para las personas afines, no solamente presenciales, sino también espirituales; es vehículo de aquellas demandas, cuya concesión trasciende de lo humano y sólo está de la mano de un poder sobrenatural.
El fuego también aporta luz, que aclara la salida a la libertad, ilumina el aprendizaje, potencia la memoria y aporta seguridad y tranquilidad; por la luz se establece la comunicación con lo divino; por ello el encendido de velas está presente en el ritual de todas las religiones conocidas.
Se considera que la vela nos representa a nosotros mismos: el cuerpo, a través de la cera; la mente, a través de la mecha y, el espíritu, portador de un sublime deseo que, a través de la llama, iría en pos del favor. Es el fuego, ese exhorto crédulo e incesante, por el que pretendemos conseguir que las potencias sean transformadas en actos.
¡Cómo me hace llorar
la vela,
que alumbra la Cruz
y una saeta escuchar!
doctorpoeta
Precioso. Enhorabuena
Muchas gracias. Feliz Semana Santa