
LAS OTRAS PANDEMIAS
El síndrome ansiedad-depresión es cada vez más frecuente; martiriza e incapacita a gran parte de la población. Se detecta en todos los grupos de edad, sin distinción de sexo, aunque preocupa la morbilidad creciente en muchos adolescentes y niños, víctimas, también por otras causas desequilibrantes, del abuso incontrolado de las nuevas tecnologías, de cuyo aporte espectacular, debe ser filtrado su efecto depredador. Con particular exigencia, estas criaturas deben ser protegidas mediante una normativa eficiente, eficaz y educativa, del alto riesgo de aparición tanto del TOC (trastorno obsesivo-compulsivo) por vía de la adicción, como de las aparatosas crisis de ansiedad en momentos de abstinencia.
Conocer en qué consiste el síndrome, sus causas y por qué quedamos atrapados en él, sería útil para hacerlo más llevadero e, intentar plantarle cara. Los síntomas, curiosamente, aparecen para ALERTAR de que la mente está contaminada y de tal aviso, se podría iniciar el proceso de descontaminación. Por ello, aunque parezca paradójico, aceptar el servilismo de los síntomas es útil al tratarse de un recurso biológico. Por tanto, como primera reacción al percibir la desazón de la ansiedad, debemos ser corteses y «agradecerle» su cometido. La meditación sobre esta circunstancia, en general, suele proporcionar alivio de forma instantánea. La segunda parte de la reacción tiene como objetivo bloquear la adversidad de las noticias y de todos y cada uno de los pensamientos negativos, con sensaciones opuestas conseguidas con la contemplación serena y gratificante de la vida misma, priorizando las sencillas maravillas que nos rodean como encuentros, paisajes, el vuelo de los pájaros, el olor a primavera, una canción, un verso, un beso, una flor, una sonrisa, y todo aquello que nos haga retornar de la atroz pesadilla, hasta el dulce sosiego. Así mismo, tanto la actividad física como una alimentación saludable, aportarían beneficios incalculables.
Si con ello aprendemos a dar el primer paso, el sihuiente, que lleva a los tratamientos diversos e individualizados, lo daremos con más firmeza y convicción hasta conseguir el logro definitivo y, si es posible, liberarnos gradualmente de la dependencia de los fármacos.
Con más motivo, en momentos excepcionales en los que existe gran riesgo de desequilibrio emocional, es muy beneficioso tener en cuenta, y poner en práctica, estas consideraciones. La disfunción de la mente, secuela cada vez más propagada de la agresión, que disloca el mundo, a su vez provoca la liberación de sustancias bioquímicas que disminuyen considerablemente las defensas orgánicas con el consiguiente aumento del riesgo infeccioso, por lo que, en las estrategias de contención, hay que incluir, ineludiblemente, programas de higiene mental.
Volviendo al contexto de la Pediatría y, dependiendo de la edad y maduración, se deben promover, con urgencia, campañas multidisciplinares de prevención y terapia, con más motivo, al conocer que la depresión es la causa principal y creciente de los suicidios en estas edades.
Dr. Antonio Carlos Rodríguez Armenteros
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