
lento y suave:
es mi amor que vive hondo y, de vez en cuando, sale
como efluvio lancinante, que abre grietas por las nubes
para que, los rasos pasen
y, a la plena luz del alba, recabar de las esencias, lo crucial de
sus instantes:
Verde el prado, donde trinos y baladas, de cadencia
prodigiosa,
me refrescan la mañana y de ti, alguien me canta:
sé que vas por tu camino,
cuesta arriba, cuesta abajo, por lo estrecho,
por lo ancho;
si andas desorientada, insegura y azarosa
pregúntale a la pastora, dónde vive la añoranza;
allí aguardaré pendiente de un cabrito que bien ase,
destaparé el mejor vino y, mientras el marisco se haga,
imaginaré, con arte, si pondré la guinda al postre.
El brindis lo haremos luego, con la digestión bien hecha,
cuando no nos mire el cielo…
¡Amor mío, nunca es tarde!
doctorpoeta
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