
La seguridad jurídica de un país viene garantizada por la conservación incólume de su Carta Magna. Su reforma consensuada es vitalista pero, permaneciendo su vigencia, especular sobre la existencia de vericuetos y aplicarlos fuera de todo rigor, es insultar a sus redactores, atentar contra la dignidad de la propia legislación y convertir el espíritu de la Ley en materia fungible; algo así como: «Son listillos y nos dan, para comulgar, ruedas de molino». Y hay muchos que se las tragan.
doctorpoeta
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