El destino mafioso de las partidas mastodónticas para «paliar» gilipolleces, en el mundo, sería más que suficiente para saciar el hambre global. Ocurre que, el desencanto, abre las ganas de comer a los hambrientos.
doctorpoeta
El destino mafioso de las partidas mastodónticas para «paliar» gilipolleces, en el mundo, sería más que suficiente para saciar el hambre global. Ocurre que, el desencanto, abre las ganas de comer a los hambrientos.
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