¿Dónde vas, amor,
que, tan loca es tu carrera
y me llevas a tu ritmo?
¡Agradezco tu entusiasmo
para volcar mi destino,
recalando, en el Parnasso,
hasta el Olimpo divino!
Lacayo de tu capricho,
me enredas, sobremanera, para alcanzar su designio;
y levitando me llevas
al elixir de los sueños,
que me embriaga
y me hago adicto.
Si divinidad no hubiera,
repudiaría el ateísmo;
¡Como diosa te tuviera
pues, galopando contigo,
hacia tu gloria me llevas.
¡AMOR!… ¡Que a lo sublime me acercas!
doctorpoeta
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