En la orgásmica del alba,
con la Luna ocultando su pudor,
miro a Dios,
allende mi despertar
y, paciente, me interpela
con toda cordialidad:
Hola, mi amigo, ¿que tal?
Le responde mi sonrisa,
presta y franca;
doy un brinco…
Voy al baño, cojo el móvil, me acicalo
y salgo a desayunar.
doctorpoeta