
A mi entender el cambio de nombre a las calles por aquello de la “rabieta ideológica”, lejos de despertar repulsa o afinidad por su simbolismo, que también, en mayor medida suscita reacciones de sorpresa, mosqueo y/o hilaridad. La pintoresca argumentación cuando se aduce «urgente necesidad» y en consecuencia, las trabas que siempre surgen en la agilidad del callejero para ubicaciones y referencias comerciales, sociales, fiscales, etc. provocan más repulsa que aceptación. Es paradójico que el interés que despierta la trazabilidad del titular «saliente», esté muy por encima de la simple curiosidad por la “vida y milagros”, aunque pudieran ser suntuosos, de la entidad «entrante».
Nada mejor, para una atmósfera de ecuanimidad, que enfrascarse en la HISTORIA, rigurosamente testada, y contagiarse del orgullo que sintió el Reino de Aragón blandiendo las banderas de los incomparables Condados Catalanes.
doctorpoeta activista del sentido común