
MÁS PRESENTE EN LA MEMORIA
Me tortura el desaliento
y este llanto, sin consuelo,
que ejecuta la ruindad
por vesánica sentencia.
Desgarradas,
mis entrañas se hacen trizas
y se esparcen como motas,
sin posible compostura,
entre el polvo del ciclón
que mi corazón bloquea.
Le pregunto a la entereza,
rastreando mis temblores
por la bruma,
si hay manera de respuesta
cuando el alma, doblegada a la
ignominia,
desolada y hecha trizas,
yace y repta
por las lúgubres rodadas,
hacia el resistir de un niño,
dulce y rubio,
que se atufa en su quejido.
¿Lo arrancaría, lanzándole
mi frágil hilo,
del fragor de las sirenas,
del calor y del ruido,
de plegarias y vagidos
y de blasfemias a tiros?…
Aire limpio se me ofrece,
agradable y compasivo;
presiento que, al fin, respiro;
me desato del agobio
y brota fe de la impaciencia;
se reafirman mis sentidos
y me obstino en esta apuesta:
¡Es seguro que la luz será fulgor,
si arrojamos el terror, a la tiniebla!.
Haced, pues,
un castillo con sonrisas;
enarbolad, en la afrenta, su blasón
y se sequen tantos ojos con la brisa.
doctorpoeta, ocurrió según lo cuento
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