Con frecuencia
se resiente mi, algún sitio;
y, mi otro lado,
en vano lo remedia.
Y mi alma, resignada,
lo presiente:
Que es un aire más impuro,
el que respiro;
y ve mi llama
que, con saña, me consume;
ve, mi miedo,
obstinado, en distinguirse.
Me oxidaron, al nacer,
y cuando muera,
digerido, chamuscado,
hecho ceniza…
Sigue atizada, la llama,
que resiste al apagado;
puede que no role el viento,
ni que acuda algún bombero
que, con manguera, me asista.
doctorpoeta
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