Vigilo, en mi ciudadela.

Mi libertad se pertrecha

en los ojos de la almena,

cuando los míos desaprueban

lo que no debo mirar:


Se hace turbia la mirada,

porque el puente se ha elevado

y baja sangre por la ría, entre barro

y suciedad.

No es espejo de agua clara

porque la enturbia la muerte

y la ambición que la entraña…

Silban las rachas de viento

que, a los lobos y a los sueños,

sin criterio, solivianta.

Todo es ocre en el paisaje,

menos el blanco de nieve

que, ataviado entre las flechas,

por las cumbre, ya se cuaja;  

mi alma, que se debate

y mis pies que, escarcha, sienten,

aunque los cubro con calzas

Mis manos, medrosas, tiemblan

y dejan de enjugar la pena;

no se agarran, fuerte, al asa,

o a aquel que, al miedo, se enfrenta,

cuando el guerrillero ataca.

¡No me alcances con tu flecha,

que he esperarte, mi arquero,

si ves mi bandera blanca

y al amor ponemos fecha!

doctorpoeta

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