Distraído, pierde el hilo el
pensamiento
y, pasmado, se detiene en tu
semblante,
en tu versar, cuando hablamos;
en la mirada, anhelante,
de tus luceros tan bellos
y en tus delicadas manos.
Hoy, tu sueño, me despierta…
Si enardeces,
mi desnudo será el lienzo,
donde tu pincel, ufano,
diseñará flores frescas,
sobre el invierno cerrado
con rocío, que cruje a escarcha
en tu vergel, que es templado.
Peregrina por mi cuerpo,
rezarás por mis anhelos;
daré el tono al aleluya que cantarás
en tu credo.
Y, arrodillada, mi alma,
te suplicará una ofrenda:
¡Que tus caricias sean versos,
antes que el alba se encienda.
doctorpoeta
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