
Me despierto
y veo, en tus facciones
dormidas,
un leal asentimiento.
Ni es tu estilo simular
ni has cedido compasiva;
es tu venia desde el sueño
porque, al contemplar
tu faz,
se atempera mi recelo
y, en la paz del dulce instante,
a que despiertes, me espero.
Por alta mar surcaremos
para cruzar el trayecto
sin saber qué quedará:
puede ser que un poco menos
o, tal vez, un poco más;
mucho, poco o regular,
sea nublado, sea con sol,
pero el rumbo a puerto va:
Yo, bregando en el timón
y tú, aderezando el crucero.
doctorpoeta