Me despierto

y, en tus facciones aún dormida,

se adivina asentimiento.

Y tu ofrenda no es ensueño:

ni es tu estilo simular 

ni cediste compasiva ante

mi ruego;

porque, al fin, en tu semblante

ve respuesta  mi recelo:

tu sonrisa, y nada más,

en la paz de tu silencio

me lleva a la  convicción.

Surcamos por alta mar

 para cruzar el trayecto

 sin saber qué faltará:

podría ser un poco más

o, tal vez, un poco menos

pero el rumbo a puerto va,

¡tú, afanada en el timón

y yo, tu asiduo marinero!

doctorpoeta

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