TEMPLO DE LA MAGDALENA, JAÉN
Hoy, en mi vuelta al circuito urbano, de nuevo paso por aquí. La fantástica puerta del templo sigue clausurada y, tal vez, condenada al ostracismo, con lo mucho, y bello, que nos tiene que «decir».
¿Que los adornos de forja, quedan mejor oxidados?
El problema suscitado, por la puerta, no es que no se quiera abrir; es que abrirse, no se pueda.
¡Ay, Cristo de la Clemencia!
doctorpoeta

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