
Pasan años y estaciones;
sobran días y muchas horas.
Desde éste, que es tu edén
con tanto amor cultivado,
el néctar, suave y endulzado,
de sus incomparables flores,
riega el alma de frescura
al ritmo que van los trinos
y la vida al despertar.
Al reflejo deslumbrante
de la aurora,
brillan los frutos sin veda
y desde el árbol frondoso,
nutren la sangre arterial.
Le aportan fuerza y antojo
para, duro, apuntalar
el flaco desfiladero…
¡Y poderlo remontar!
doctorpoeta
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