
Cada vez con más frecuencia, aumenta la casuística de enfermedades mentales en la edad pediátrica y, su prevención, ha de comenzar en los periodos prenatal, perinatal y en el postparto; los cuidados prenatales óptimos, la relación positiva entre neonato y progenitor y un entorno postnatal positivo, más acuciante en las poblaciones de riesgo, son, sin duda, factores esenciales
En el seguimiento obstétrico, en el que ambos progenitores deben estar presentes, el apoyo y la educación acerca del desarrollo fetal, sus distintas fases, la progresión anatómica y fisiológica, tanto in vivo como en la posterior observación explicativa de las imágenes estáticas son ineludibles.
Particular y, delicada, importancia adquiere la atención a padres adolescentes o parejas muy jóvenes, con bajos ingresos económicos, cuyo riesgo de prematuridad y bajo peso al nacer, incluso con edad estacional normal, es máximo. La prematuridad y/o el bajo peso aumentan, considerablemente, la posibilidad de que estos bebés padezcan retrasos cognitivos y del desarrollo; también, una relación inadecuada con la madre, trastornos psicopatológicos o alteraciones emocionales y, con mucha frecuencia, ser víctimas de abuso infantil y negligencia. La intervención social y sanitaria se hace sumamente necesaria mediante planificación, ayudas económicas y apoyo psicológico y educacional, planteando una cercana y meticulosa hoja de ruta.
Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros
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