
LA JUVENTUD QUE ENVEJECE
Desde mi terraza, en esta mañana borrascosa de playa en la que el sol brilla por su ausencia y amenizada por un espectacular aparato eléctrico, (el Cielo «tira los megavatios por la ventana»), viendo desfilar por el paseo marítimo a los grupos de jóvenes, la verdad que muchos de ellos de presencia aviesa, ojerosos, de lenguaje incongruente por soez y de marcha de «chalán», otros haciendo ostentación de una sexualidad pervertida, animalizada y ridícula, regresando de su «celestial» encuentro (otros cierto, que sólo con apariencia de cansados) decido, de forma improvisada y con el interés de la obstinación, hacer una denuncia frontal de estos «modismos» tan peculiares y perniciosos de entender el disfrute.
Con motivo de la problemática creciente de las actuaciones de desalojo, en mi opinión de observador preocupado, creo que no permitiéndose el alojo en las zonas de encuentro del «cariñosamente» denominado «botellón» ( para mí, eufemismo de mal gusto) se haría evitable la tremenda colisión que provoca los comportamientos incívicos, a veces bestiales, de tantos jóvenes intransigentes con la normativa establecida; la coacción es contestada por el descontrol, no ya auspiciado por la rebeldía natural que normalmente existe en estas edades, sino que azuzada por el alcohol y su amplio cortejo de efectos perniciosos, también del tabaco, también de otras sustancias que, de forma acumulativa, habitual o aguda, incluidos los casos de coma etílico, generan un síndrome adictivo en el que predomina la ANSIEDAD, consecuencia de una dependencia, que lleva a la necesidad insuperable de beber y progresivamente, con más frecuencia y cantidad.
En el caso que nos ocupa, la coartación de esta necesidad imperiosa, despierta las descontroladas, extravagantes y violentas reacciones de despecho.
A mi entender como conocedor de la idiosincrasia juvenil , la provisionalidad, tanto del planteamiento como de las medidas aplicadas, nunca va a llevar a la esperada solución.
Mi necesaria, creo, obstinación contra el alcohol y drogas, clama junto a otras muchas voces de alarma, una institucionalizada UNIDAD DE ACCIÓN, previa declaración de riesgo para la salud pública de estas formas consentidas de diversión perversa dónde la información, prevención, terapéutica y alternativas saludables, adquieran protagonismo en aras del bien común, de la salud y, en definitiva, de la felicidad.
El alcohol (y otros especímenes) es un auténtico cabrón: Seduce, y al tiempo, afila el hacha.
«El que avisa no es traidor»
doctorpoeta
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