¡Oh, mi bien,

que a ti me debo!

Tú pagaste la factura

de la apuesta

por llevarme a tu altozano,

cuando zombi y maltratado,

levantaste de la tierra mi amargura.

No, del todo, la has pagado,

que no es fácil calcular

el montante de ese pago.

Eres roca de refugio;

un alcázar, del que aun

no me has bajado, pues contigo,

en tu lugar replegado,

vivo inerme;

soy vasallo, por tus caprichos y sueños,

al destino, encadenado.

Porque salí de aquel pozo,

en el poema, he buscado

la rima, por mero auxilio;

he glosado tu dulzura,

tu renuncia a tanto tuyo

y a la salida del foso,

aunque suba encadenado.

doctorpoeta

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