¡Oh, mi bien,
que a ti me debo!
Tú pagaste la factura
del empeño
por llevarme a tu altozano,
cuando zombi y maltratado,
descubriste, en aquel árbol, mi vigía
No, del todo, la has pagado,
que no es fácil calcular
el montante de ese pago.
Eres roca de refugio;
un alcázar, del que aun
no me he zafado
pues contigo, en tu casa refugiado,
vivo inerme y soy vasallo,
de tu veleidad y tus sueños,
a tu espacio, encadenado.
Me sacaste de aquel sino,
y en el poema, he buscado
la cercanía de tus besos;
tu dulzura, que he glosado,
tu renuncia a tanto tuyo
y el imán de tu destino
aun, amándote, esposado.
doctorpoeta
Comentarios recientes