
Pensaba en mi libertad,
pero el deseo se truncaba;
una trampa me aguardaba:
Injusto ardid agorero
que la vida me tendía.
Pude huir, salvando el muro;
embarqué sin rumbo fijo
y al gritar ¡tierra a la vista!
me hundí en la fosa marina;
alguien me lastró el velero.
¿Seré esclavo en tierra nueva,
si de la mar me largué
y gané la costa a nado,
con un denodado afán?
Descalzos, mis pies osados,
por tierra firme avanzaron;
más de una traba salvaron,
por su tino en sortear.
Y ya no pude aguantar:
me pertreché en la trinchera,
salvaguarda de mi espera,
montada sin alegría,
con ramas, piedras, dolor
y al agüero del azar.
El zarandeo de un ciclón
dejó desnudo mi pecho,
sin bufanda, sin comer,
sin alas para volar
y un rayo entornó mis ojos.
Con el pecho a la intemperie,
mi garganta lanzó un SOS:
no había nadie, o sordos eran.
Del garlito me libré;
tuve suerte, confié;
el mensaje, en la botella,
seguro te va a llegar,
puede que por Navidad…
Siempre tuyo, aquí te espera.
Tony