
Soy yo (y puede que bastantes más):
-una queja sin consuelo;
-la diana de los dardos, desde
el evo;
-un dechado, por vidente, adoctrinado;
-esa estrella que más luce y se ha
apagado;
-un payaso, por su guasa, señalado;
-un bañista de aguas bravas en verano,
que se obstina en defenderse con las manos
y la furia subestima y zarandea.
Aunque ufana, más segura fue mi playa
pero huyó más allá de la sospecha,
atizada con mar gruesa del recelo
y cerrada, a mi usufructo, por traviesas.
Es de día cuando recito mi lamento
que, en la noche, aliviarán de arena fina:
la nobleza del recuerdo, tanto amor
que fue locura,
y la brisa prodigiosa de mi sueño.
doctorpoeta
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