
Me conforta respirar el tiempo amable, porque
aún el disfrute se soporta,
y quiera el sol no picar en el vacío de mi chistera
olvidada.
Sabia y gentil es la vida, que se ofrece al acomodo:
de mis ojos deslumbrados con el goce de una sombra;
de mis mermados oídos con la ilusión de sentir, algo
confuso y distante, el gorjeo de alborozo del pinzón
y sus polluelos;
de mis enjutas posaderas en el banco, duro y salpicado,
donde la artrosis, encuentra solaz…
Y el revuelo del recuerdo se adosa al crepitar de las
ramas que, galantes, ceden el paso a las rendijas de sol y
al excremento volátil, que precipita y se integra en el gris
sufrido de mis canas tolerantes.
Puede, al fin, en mi mente cansada como mis pasos,
proyectarse el encuentro de lo que fui, con lo que yo
habría querido de mí.
Y, encendida, alardea con fruición del ideario alcanzado,
del que, mucho, más bien todo, y poco más, con modestia
conseguí.
doctorpoeta
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