Nadie sin creerlo, de verdad,
puede ansiar resucitar.
Volver la respiración,
tras el silencio abismal
y tras la asfixia letal
nunca está en las manos del azar;
es según, lo quiera Dios.
No es posible el aforar,
cuando no se afora nada,
ni sonreír de alegría, ni risitas
simuladas
si, a espaldas del sol, se está.
Tajante es la inhumación,
aun por llanto remojada,
con suspiros de pasión y jadeos
en la antesala.
y si nadie está con Dios,
polvo del hoyo saldrá.
¡No hay milagros sin rezar
y nadie regala por nada,
ni el mismísimo Señor!
doctorpoeta