
¡PAVOR!
El incremento de la casuística podría explicarse como secuela del, más que evidente, fracaso social y de sus medidas de prevención, que arremete contra la integridad mental infanto-juvenil, del consumo y adicción a alcohol y drogas, de la convivencia tóxica y/o por la interacción de un trastorno psiquiátrico, a catalogar. Sería imprescindible, pues, una evaluación detallada para determinar un diagnóstico razonable y un tratamiento adecuado, en el que no debe debe excluirse la radical modificación del sistema político-social, que también viene haciendo aguas, allá por donde pretende lanzar su anzuelo clientelar.
Es verdad que, en un contexto psiquiátrico cercano, se observa, más inclinación a la agresividad, en pacientes con retraso mental (en su acepción más amplia), en el síndrome hiperactividad-déficit de atención, así como, con menor frecuencia e intensidad, en los trastornos generalizados del desarrollo (autismo, Asperger, síndrome de Rett y el denominado “trastorno desintegrador de la infancia”).
Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros
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