Apostado en la baranda, quedé sorprendido por una lluvia de estrellas. Alargué mi brazo, allende los sueños; un astro atrapé, que, guiñaba aturdido. Con pasión desperté y por más que luché, al quererlo animar, me abatió la ansiedad. Bien pudo ser que mi alma cegó, o tal vez fue el apagón. ¿Cómo no se paró mi prestancia, a pensar, que era largo y penoso el camino?
doctorpoeta