Salvo mutación o manipulación, el virus tiene su vida media y va, paulatinamente, desnaturalizándose y, con ello, sus efectos. Aparecen los “contagios” como es previsible, aunque, en gran medida, permanecen asintomáticos, progresan a síntomas leves o moderados, raramente, llevan al exitus y van fomentando la deseada inmunidad “rebaño”. La llamada “población de riesgo” debe seguir siendo especialmente considerada, protegida y asistida ante cualquier incidencia (síntomas leves para la población en general, pueden entrañar gravedad para las personas vulnerables).

Hago estas consideraciones porque detecto, en consulta, contingencias infundadas de miedo y/o ansiedad, no sólo en pacientes, sino también en padres y entorno familiar.

En el estado actual, el miedo debe dar paso al respeto: contemplar las normas de convivencia procurando dejarnos llevar, al unísono, por lo mejor de nosotros mismos va a ser decisivo.

¡La felicidad está servida!

doctorpoeta