Sufre un niño;
llanto intenso,
fiebre alta.
De repente ha vomitado;
dan las tres de la mañana.
¿Y su llanto qué reclama?.
¿Qué le pasa, pues no mama?
Nada quiere su mirada,
nada, su boca cerrada,
nada, nada, nada, nada,
ni un arrullo, ni el chupete,
ni que le canten su nana.
Me presta el saber Apolo
y Panacea, su tisana;
con el lucero del alba,
tiene, más fresca la cara.
Y tu hijo, ya, no llora;
en tu pecho, ahora, se sacia
y un suspiro, en tu regazo,
ya mealeja de la sala.
doctorpoeta
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