
¡MADRE!
Volaré hacia tu rincón que, muy seguro, huele a incienso.
Además de tanto achaque (los de siempre y otros nuevos) y estar pendientes de un hilo, nos colocan, sin remedio, como frontón de los virus y encerrados, por supuesto; aunque muchos aun quedamos, otros tantos ya se fueron y cerca de donde estás, conforme iban llegando, entraron a su lugar, por un pasillo de estrellas (así lo supongo, al menos)
“Tuvieron final heroico”, dicen todos. Digo yo: ¿Sabremos como murieron? Mas lo puedo imaginar.
“Fueron caídos de guerra”, dicen todos. Digo yo: con laureles coronados tras batallas de indecencia.
¿Muerte digna o fue asechanza? Lo que tengo muy seguro: para sí no la quisieran ni otros «sires», ni otras damas.
¿Hube pensado morir? Tuve actitud de alevín y, pensando con simpleza, como un juego lo viví: iba en vuelo sin motor cuando falló el aparato que iba pilotando yo; de bruces cayó en picado, el chasis se destrozó y en tierra corrí soplando; ¡válgame la que se armó! aunque yo me fui cantando.
Pasó el tiempo y situación: en mi cama de pasión, lentamente voy muriendo y ya es otra la versión:
-Alguien me ha enviado flores de pétalos virtuales; dicen que son más reales.
-los “ninis” se manifiestan: ¡los ertes piden respuesta!
-En tuneado de viejos han tenido que pensar; es de protocolo urgente pues no hay futuro sin ellos ni, por supuesto, presente.
-Un bautizo, más o menos, y de entierros, tropecientos: hay secano, no hay maná y el gasto de las pensiones, del presupuesto, saldrá.
Muero sólo, nada huele y tampoco huele a flores y me huelo lo peor: el que mal huele soy yo.
Ahora me van a sedar; dicen que no dolerá y, en la forma de actuar, no habrá amenazas ni riesgo; eso sí, sometimiento. Del antebrazo me agarran y, en legítima defensa, me rebelo, gimoteo y de ti, madre, me acuerdo:
No uses su nombre en vano, pero pide a Dios por mí.
El Abbocath entra entero, después de pinchazos mil; ¡tienes suerte!- (le digo al “banderillero”)
Si mi madre aquí estuviera, tras pinchazos, casi mil, te habría puesto a ti el gotero, y la sonda del pipí
-No desesperes mamá y, por mí, sigue pidiendo que, aunque tarde un poco más, ¡segurísimo que llego!-
doctorpoeta
Comentarios recientes