Limitado se queda el pensamiento,
solamente centrado en tu semblante,
en tu mirada, en tu decir, cuando hablas.
Ahora, mi sueño, despiertas;
si enardeces, mi desnudo
será el lienzo,
donde el pincel de tus manos
diseñará flores frescas en invierno
y el rocío para mi sed
y el edén ante tus ojos.
Peregrina por mi cuerpo, orarás por mis
anhelos;
daré el tono a tu aleluya que cantarás
en mi credo.
Y al fin, mi alma exigiéndome poesía,
percibe, entusiasmada,
que tus caricias son versos,
antes que la luz se encienda.
doctorpoeta
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