TRANQUILO, recostado en mi nube, eludo el hedor de la inmundicia.
Podría bajarme,
en un intento;
pero, tan cómodo y seguro,
enguatado de algodón,
levitando sobre insidias
y aversión,
sin dudarlo, me resisto.
Porfiando en la quimera,
de fragancia y dulce sueño, me he confinado en el mito, donde huele a redención.
Libre para decidir
si retorno
a aquél, mi edén,
movido por la añoranza que me huelo traicionera.
Y de soslayo, diviso
el aura de chimeneas
infectado de ruido, de trajín
y de tristeza,
con ambiente irrespirable del humo del mal humor.
Decidida está mi alma a permanecer aquí, amparada en suave éter, a resguardo de las preces y del sortilegio cruel…
Y, en mi nube,
hago proclama irrevocable
de mi idilio,
cuando «flipo» en sueño REM.
Aun intento el curioseo,
no del todo inevitable,
de asomarme, y de tirarme,
con cautela y de reojo,
al éter de la contrariedad.
¡Vuela conmigo a mi nube, si te quieres resguardar!
doctorpoeta