LA PENA DE ENFRENTE

Alcé los ojos: tu mirada, entonces,

brilló intensa en mi mejilla,

como un rayo de sol que ardiente cae

sobre el trémulo llanto.

Te dejé de mirar; me pareció causarte

pena,

aunque yo, al verte gimotear,

sentí sensación de albricias.

Volví a mirarte cuando ya, en mis labios,

se esbozaba una sonrisa, y llorando

estabas tú;

pero tus lágrimas recebaron las mías.

Tu corazón se batía para consolar

mi pena;

y, sabio, fue porque rompió a llorar por el mal

de mis ojeras.

¡Y de nuevo, mi risa!

doctorpoeta

Doctor Poeta

Compromiso esencial

La poesía como moneda de cambio

Sensibilizado con quienes más sufren el hambre y la injusticia — especialmente los niños y niñas del Tercer Mundo —, doctorpoeta ofrece su obra a cambio de un donativo libre y voluntario.

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