Para que, la amistad y el compañerismo, sigan siendo incondicionales, surjan por principio universal y no por oportunismo y conveniencia, en situaciones concretas e interesadas.
Para que, en el diálogo, no intervengan más que palabras de comprensión, de ánimo, de aprecio, de gratitud y de alegría.
Para que tengamos en cuenta que, consolidar el afecto, significa entablillarlo con la lealtad.
Para todo ello y, para mucho más…
¡MERECE LA PENA VIVIR! ¡VAMOS QUE ES TARDE!
doctorpoeta