La satisfacción plena de su capacidad afectiva y emocional, así como su predisposición para amar y ser amado, pienso que son imprescindibles para que el varón, libre por el sentimiento, deje de utilizar la violencia visceral y la sustituya por el sosiego sin complejos.
Ergo, el derecho de la mujer a su autonomía, debe reconocer el derecho del varón a la ternura y cumplir con el deber de condescender con su idiosincrasia. Sería fundamento de la felicidad.
doctorpoeta