Una urdimbre conceptual, cerrada en sí misma, rotunda y coherente, que no admite contraposición, resulta, en general para el mentalista, aburrida e insoportable, porque no es susceptible de análisis o de discriminación. La incoherencia es debatible.
Una urdimbre conceptual, cerrada en sí misma, rotunda y coherente, que no admite contraposición, resulta, en general para el mentalista, aburrida e insoportable, porque no es susceptible de análisis o de discriminación. La incoherencia es debatible.