
En la adolescencia normal y libre sin sometimiento a la, vilmente banalizada perversión, la prodigiosa naturaleza mantiene separados los ideales, de los atractivos del amor permaneciendo, independientes entre sí, las esferas psíquicas y el impulso físico: Es el amor platónico primaveral, idealizado, donde la fantasía, limpia, florida, itinerante por pasajes alucinantes de color verde-pradera, pretende la fusión contemplativa de las almas sin dar opción, aun, al sentimiento de rojo pasión: Sólo júbilo y orgullo, sin límites, rebosan del corazón cuando el inocente y sublime escarceo de “coger la mano” genera un durable y mutuo beneplácito.
¡Pureza!
doctorpoeta