
Engarzado en la envoltura de mis frases,
repujado de oropel y terciopelo,
resplandece, con destellos, mi homenaje
como el ojo reluciente del lobezno,
en la noche fría y cerrada del invierno
reflejando, luna y plata,
al aullido incontestable contra el cielo;
como espejo lujurioso que refleja,
animado de una música de fondo,
dos desnudos, confundidos en uno sólo,
a la luz de la araña mutilada;
como sierpe incandescente
que, en zig-zag, intransigente,
reverbera por la escena y deslumbra el
devaneo;
como el alza de tu celo
por las simas de tu entraña
que responde, complaciente,
cuando grita mi deseo.
¡Un honor, Venus altiva,
alcanzar mi mejor premio
porque sueñas en mis sueños
y enardeces, de pasiones,
fondo y forma de mis versos;
porque instalas en mi alma,
con increíble destreza
y con sutil sentimiento,
un taller de orfebrería
donde se montan las joyas
que bajan del pensamiento!
doctorpoeta.