
Muy buenos días:
Desde mi atalaya, y con visión totalmente aséptica, he decidido exponer mi punto de vista sobre el desenlace de la jornada electoral que ayer, día 2 de diciembre, había sido convocada en Andalucía. Ante todo quiero expresar que mi posición ante una acción política, la adopto de forma personal, creo que tras ser razonablemente deliberada, en uso de mi libertad y si la considero acorde con lo que yo entiendo que debe ser «hacer política».
Comparo el arte de aplicar y recibir política con una oración gramatical, con verbo en voz pasiva, sintiéndome ubicado en el llamado sujeto paciente que recibe, soporta, disfruta sufre, etc. la acción del verbo. A mi entender, éste (el sujeto paciente) recibe los efectos de la acción verbal de manera diversa y adjetivable. Esta acción es ejecutada por el ablativo agente y su efecto podría modificarse en función de la intromisión de los complementos circunstanciales. Pues bien: antes de que se me pueda encasillar políticamente, quiero dejar claro que mi concepto de la política, quizás por influencias organizativas de mi mente, se parece mucho, al que la define como actividad de los que gobiernan o aspiran a ello (ablativos agentes) para que sean adoptadas (verbo en voz pasiva) medidas, procedimientos y normativas, con el objetivo de alcanzar el buen funcionamiento de la sociedad (sujeto paciente). Mi opción política sería, pues, aquella que con sus directrices lograra reducir todo lo posible, la paciencia del sujeto, llevando a la acción del verbo a proporcionarle la mayor FELICIDAD POSIBLE. La utopía de llegar a la felicidad universal, comprendo que sólo es viable desde mi anhelo pero, al menos, el activismo subordinado a la oración principal, no debe cejar en el empeño. El encasillamiento en IZQUIERDAS-DERECHAS, creo que es anacrónico, frentista, radical y lleva a la división y a la discordia; mantenerlo, no hace ningún favor a la consecución del añorado umbral de felicidad. Es importante que, para llevar a cabo su difícil y delicada acción del verbo, el ablativo agente siempre tiene que actuar con energía, pero también con dignidad. Hay discursos, más bien peroratas, que llegan a ser lesivos para la dignidad del propio orador y para quienes puedan sentirse aludidos, así como frustración para los que esperamos una estructuración retórica que transmita sensaciones de pulcritud, sinceridad y discreción para hacerla más creíble y transcendente, sobre todo, cuando la alocución viene de una persona influyente. Optar por la evasiva de “criminalizar, antes del crimen”, no se ajusta ni a la ética ni a la estética. Dar categoría de hecho consumado a la conjetura es, cuando menos, reprobable porque atenta contra la objetividad y emplea la argucia. Como “ciudadano de a pie” (sujeto paciente) me inquietó que mi presidenta de Andalucía, pudiendo haber rendido culto a su propia dignidad, con lo que habría despertado, creo, admiración, e, incluso agradecimiento, compareciendo para dimitir, optara por un siniestro discurso, deslavazado, con argumentos peregrinos, reiterativo, cutre, sin profundidad en el fondo y vulgar, en la forma. A mi entender, las piedras sobre su propio tejado la llevaron a ser, más, sujeto paciente, que ablativo agente. Es mi racional forma de ver las cosas.
Antonio C. Rodríguez Armenteros
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