Nunca arrancará, el tiempo
impertinente,
la hoja pajiza y reseca
agarrada al peciolo, ya arrugado.
Aquel verdor de ojos,
en fiel mirada,
que a mi pasión, tal vez muy verde,
encandilaba;
ahora, sin llanto, resecos lloran
como rijas de legañas pegadas
por los años compilados
en tu encanto.
Si ahora, una lágrima resbala,
algo se aclara
de aquella dicha que fue
y ahora repara,
en tu cara, en tu porte,
en tu presencia,
en tu forma de amar,
tan suave y clara…
¡Frugal peciolo que bien se agarra!
@doctorpoeta