
En la encrucijada del despertar se sitúan las emociones de transición entre sueño y vigilia. Si chocan en la adversidad, aparece el “mal despertar”. Si el cambio de ritmo cerebral se realiza de manera suave y transcendente, podría disfrutarse del ”buen despertar”. Ambas formas de reacción dependen de múltiples factores y de distintas circunstancias. La llamada patología del sueño es otra cuestión que debe dirimirse clínicamente por neurólogos, psicólogos, psiquiatras, pediatras, biofísicos, etc. Vamos a considerar, el buen o el mal despertar, sin cruzar los límites de la normalidad, como situaciones frecuentes que, de alguna manera, influyen en la huella existencial de las personas. Digamos que el temperamento, de base genética, se modifica por la incidencia, sobre él, de los “elementos”, (favorables, en unos casos, desfavorables en otros), surgiendo los llamados “cambios de carácter”. En general, el carácter repercute, no sólo en el despertar, sino también en cada una de las facetas vitales. El buen carácter condiciona un sueño, normalmente, reparador que proporcionaría buen despertar y buenas sensaciones vitales (círculo virtuoso). El mal carácter tiende a condicionar un sueño superficial, irregular, poco reparador, con lo que la aportación del individuo a las vivencias sería, cuando menos, abrupta, repercutiendo, así mismo, sobre la mala calidad del sueño (círculo vicioso). Curiosamente, en el despertar, es cuando se programan y evalúan, la agenda, las metas, los proyectos de actividad, la relación profesional o afectiva, los triunfos y fracasos, los recuerdos, las frustraciones, etc. En la faceta creativa es, en mi «buen despertar», cuando la musa me pide agilidad para sentarme a escribir y, en efecto, descubro que la inspiración está en su momento más idóneo.
doctorpoeta