
ALIMENTO: SALUD, FELICIDAD, ESTABILIDAD
Es sabido que existe una clara patología derivada de una alimentación inadecuada, tanto cuantitativa, como cualitativamente. El buen cocinar debe, en mi opinión, elevarse a la categoría de ciencia decisiva ya que repercute en gran medida en el mantenimiento de los equilibrios funcional y orgánico de las personas y, por lo tanto, ha de ser reconocido como un gran medio para acceder a una forma de vivir saludable y feliz. Todos deberíamos aprender a comer y a cocinar y creo que, con criterio acertado, habría que incluirse este aprendizaje en los programas educativos, como asignaturas de relieve equiparable, o incluso de mayor rango, al de cualquier otro conocimiento. Saber alimentarse va a repercutir, decisivamente, en el devenir de bienestar y salubridad de las familias y sería de vital trascendencia inducir, en la sociedad, el saludable hábito de cocinar bien para comer mejor; el beneficio, sería sistémico y, con especial relieve, sobre la población más vulnerable: bebés, niños y ancianos. La repercusión sobre el gasto público, a medio plazo, moderaría ostensiblemente el presupuesto tan enorme que la salud demanda.
Comer bien no quiere decir comer caro, sino comer de forma racional; preparar alimento apetitoso y nutritivo, al mismo tiempo que sencillo implica, no sólo habilidad en el aprendizaje y ardid en la elaboración, sino también actitud de entrega y dilección con la consecuencia de darse uno a sí mismo y, lo que es más importante, otorgar a los demás. Diríamos, en sentido poético, que, allende los sentimientos, desde la cocina, se estaría gestando una forma genuina de amar, de entregar el alma
Dr. Antonio C. Rodríguez Armenteros