
Jugué contigo;
de aquel recreo, surgió el relato
de tu promesa
Me hiciste un hombre, crecí contigo
en la mansedumbre
cuando era un crío barbilampiño,
bastante crudo, de marcha incierta.
Tú, la mujer, que siempre has sido:
gentil criatura de pelo suelto,
a veces, trenzas;
junto a la lumbre, en tiempo frío,
jugando a «chinas», echando leña,
contando cuentos,
poniendo el chupe a tus muñecas…
Pero había en ti, mucha verdad que
no era juego:
servías la sopa, freías los huevos,
ponías la mesa de almuerzo y cena.
Fue tras la siesta, luciste encanto
bajo el olivo donde quedamos,
al mirar mis ojos, que lo anhelaban
y coger mi mano, bien apretada
granó mi alma que verde estaba
y solté mis pasos que, a tiento, andaban.
¡Era la vida que yo esperaba,
hasta la muerte si nos llegara!
doctorpoeta.