Lloraré mucho hasta el fin y también, mucho recé, sin poderte hacer cambiar.
Sucedieron años más, fatídico ritual; fuere claro o fuere gris, tan solo pensaba en ti.
Y asumiendo mi desgracia hice, al momento, ocultar en lo hondo de mi entraña, tu indecencia y tu impiedad.
Mi corazón me avisó que mucho, se resentía y, en mi pueril necedad, un poeta me creí:
¡Maravilloso rimar que, tras de tanto penar, el final sería feliz;
sin embargo no fue así!
Mi corazón mejoró y yo, tras parar de llorar, el verso final leí; hablaba de tu maldad, de mi forma de aguantar; también de tu vanidad
¿Permanecería infeliz, aunque me estuviera hastiando de mi llanto y mi sufrir?
La pena no mereciera, o puede que fuera que sí, y cada mañana, al venir,
me enjugaré, bien, los ojos, para mejor sonreír.
@doctorpoeta