La muerte llega como sueño imperturbable, como puerta cerrada sin portazo, como ese abrazo, del todo inseparable que, aunque se aprete muy fuerte, para nada se querrá que cruja un brazo.
La muerte llega como sueño imperturbable, como puerta cerrada sin portazo, como ese abrazo, del todo inseparable que, aunque se aprete muy fuerte, para nada se querrá que cruja un brazo.