La mujer siempre había sido una sabia moduladora de la pasión. Cerraba la puerta, con dos vueltas de llave, a la vulgarización del sexo y tenía, muy claro, cuándo poner la alfombra roja para recibir al sexo insigne, por afectivo, adecuado y saludable.
Ahora, entrar al trapo del esnobismo, lo llaman empoderamiento y no es cuestión de palabreja, al uso cutre; a mí me parece, un dislate. Ellas verán, aunque tendría «mala pata»
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