Mi cuerpo ha de morir,
es inapelable andanza,
pero Tú adosaste en mi
la infinitud de mi alma,
que pudiera revivir
muchos sueños de esperanza,
ora sea mirando al mar,
ora mirando montañas;
oyendo un viento infernal
que, a los árboles, espanta
o sintiendo en mi interior
que ha rolado hacia tu Estancia.
Y, confírmame, por Dios:
si hacia otro mundo iré
(fue tu promesa de ayer)
Y por qué, tan cierto, es
un fin de tan corta espera,
y si viviré después,
de pie, o sentado, a tu vera.
@doctorpoeta, amén.
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