
«A mi muy amada patria chica de la que me enamoro en cada instante».
¡Mi Manchuela, noble y bella!
Me fascina comprobar
que, el olivar, te abanica
esparciéndose la brisa,
desde el Puerto, hasta llevar:
Fresquito a tus calles rectas,
aroma a menta y pinar,
el aliento a la besana
y un repique de campanas
de la Iglesia de San Juan.
Antonio C Rodríguez Armenteros.
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